6 de noviembre de 2016

Memorándum de los días infelices


 
La noche en que entre en tus labios, ahí comencé a sospechar que mi infelicidad es una batalla utópica de la libertad y de la autosatisfacción. El tiempo solo es un limite mental un cronograma insospechado del orden de insatisfacciones personales y sueños frustrado, ahí el alma desdibujo la esperanza, mi humanidad es una cicatriz del tiempo donde accidentalmente respiro, escribo sobre la soledad de mi autocompasión, rememoro mi pasión como una estrategia matemática y voluble, un pretexto inútil de mi caos existencial. La humedad de mis tardes, convergen en la razón existencial de caos primitivo, el velo enigmático y maniatado el tiempo perdido, el desamor y el olvido en las golondrinas muertes de septiembre y el cadáver de mis utopías. Desperté de un sueño con la mirada absorta y un revolver de melancolías, mi nada es un nudo de versos golpeando las cenizas del mar, mi barco se encamina a un destierro de de sonetos y un naufragio de un tal Tales de Mileto. La Lógica me obliga a buscar tu sagrado cuerpo, la fiel apología de mi carne y de mi surco tras el el cerezo donde guardo mi alegrías y mis delicias primaverales. Mi heridas corporales son las directrices, con las que empece a deshojar mi pasado, y cuestionar mi futuro de antologías falsas de placer y de felicidad. Mi café es un nudo de reflexiones imperfectas, un soneto de Borges, o un poema de amor ferviente. El espejo es un sol transparente de luz, una evocación a la luz del alba, un cigarro de memorias tristes, un recorrido sobre el infinito dolor de la vida, que ha de dejar un memorándum de los días infelices.